6 de noviembre de 2008

Miedo al no sé qué

Tiene miedo de la sombra y miedo de la luz,
tiene miedo de pedir y miedo de callar,
tiene miedo de subir y miedo de bajar,
tiene miedo de escupir y miedo de aguantar
Lenine y Julieta Venegas




El terror se siente por varias arterias de la ciudad, se expande y se detiene como una sombra grande y ominosa sobre quintas y urbanizaciones. Crece en las oficinas del municipio Chacao, en los cafés de Los Palos Grandes, dentro de los carros como una nube de dióxido de carbono, asfixiando a la gente entre palpitaciones y corazonadas. Se deja oír en las emisoras de radio como un murmullo infatigable, sale en televisión en horas pico y toma los muros del féisbu, donde rebota frenéticamente por todos lados. En estos tiempos la tensión arterial escala y la depresión se asoma como una amigdalitis putrefacta.



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Eso te tiene esta nueva fase del miedo: no se puede contener, no se puede reprimir. Se manifiesta todo el tiempo, como un tic. Te sientes una marioneta que alguien gobierna desde un lugar invisible. Es un miedo que no tiene causa precisa, un miedo que, apenas empiezas a meditar, se llena compulsivamente de preguntas, de supersticiones, de excusas, de un sinfín de baratijas chinas. Ése es el peor de los miedos, sin duda: el miedo al no sé qué.

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Un miedo que en política, por cierto, se parece a Chávez en la mañana, a Chávez al mediodía, a Chávez en la tarde, a Evo en el horario de las telenovelas, al espectro de Fidel al día siguiente, a Rafael Correa cuando le da por defenderse de Uribe, a Fernando Lugo por asomar una nueva Constituyente. Se parece, durante el tiempo de propagandas, a la Cristina cuando nacionaliza los fondos de pensión. Es un miedo al Estado de sitio, al desequilibrio de poderes, a VTV con su menos de 10% de audiencia. Eso también te tiene el miedo, que se parece mucho a una película de Hichtcock: mientras juras que un indio totalitario es el culpable de todos tus males, la platica que tenías en un banco gringo desaparece sin que sepas quién fue el malandro que te secó los bolsillos. Es un miedo, por cierto, que no se puede registrar en las encuestas, y que nada tiene que ver con nuestros titánicos índices de inseguridad barrial.




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El último rostro de ese miedo al no sé qué lo ha despertado un negro de raíces keynianas, un negro que tiene por segundo nombre Hussein y que acaba de ganar, nada más y nada menos, que la presidencia del Imperio con tantos votos como los que obtuvo J.F. Kennedy en una época, hay que aclararlo, bien pop y donde los negros salían menos en los periódicos que un consejo comunal en El Universal. Ese negro del que hablamos sintetizó su oferta electoral en una frase clara y precisa: yes, we can, para hablar de algo que el mundo ha empezado a digerir como la llegada de un Orbis Tertius. Obama es, pues, la última de las expresiones del miedo al no sé qué: en el último tramo de la campaña, incluso, fue acusado hasta de socialista. Válgame Dios, qué pensará el comandante.

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Esta época de terror muy al estilo del siglo XXI, muy de derrumbe de paradigmas, de caída de bolsas, de aparición de nuevos movimientos políticos y sociales, de nuevas voces y liderazgos, no es un miedo similar a los de antes. La barajita, en este caso, pocos la tenían. No es un miedo a los marcianos, mucho menos a las invasiones extraterrestres, aunque ya hay quienes dicen que desde el satélite Simón Bolívar nos están espiando (Directv dixit). Tampoco es una onda de uranio que circula por allí. No es la trama de una película truculenta de Night Shyamalan. Este terror no ha sido aún codificado por los cineastas de Hollywood, y eso, por supuesto, da más terror todavía, porque parece un miedo nuevo todos los días, a toda hora, con nuevos rostros y nuevas imágenes. El último es Obama, con sus aires de presidente de las minorías largamente despreciadas.





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Hay los que, por supuesto, sienten que hay una maniobra secreta en marcha, una complicidad negruna, india, musulmana, es decir, una alianza de la escoria planetaria que quiere ponerle las manos, definitivamente y para siempre, a nuestros apartamentos en la playa, a nuestras vaciones en Orlando, a nuestros viajecitos a Panamá, a nuestras naves con aire acondicionado.



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Los astros que mueven las mareas en estos tiempos andan en una de discurso salvaje, para parafrasear a Briceño Guerrero, y seguro que más de uno de los atildados de la Academia Nacional de la Historia ya debe estar analizando en plan de 2-D (pero para el 4-N) si el artículo 350 también es aplicable a la globalización tal y como se está desarrollando, con ese poco de sambos gobernando aquí y acullá.

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Hay gente que siente –dolaritos perdidos previamente en las bolsas y con el cupo de viajes fuera de límite- que una pava insalvable ha caído sobre las espaldas de los seres productivos, responsables y ejemplares que somos. Hay quienes piensan que la perspectiva del 2021 puede ser más larga, más extendida. Que la idea del cataclismo y de la descomposición nos acompañará hasta el fin de los tiempos, hasta la parcelita comprada en el Cementerio del Este. Qué miedo, hermano.

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Al que quiera sobreponerse a esa ley del terror, y somos muchos no lo olviden, hay que informarles que Borges nos espera en un hotelito de Adrogué para que le sigamos dando indicios del Orbis Tertius. Hay que documentarlo todo, antes de que el aymara sea la lengua universal y los negros de Kenya sean gente más importante y más chic que un yuppi de wall street en vías de extinción.

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Borges nos espera ciego, como siempre. Ciego y con una sonrisa esbozada en sus labios. Apenas alcanza a ver una pálida mancha amarilla, el crepúsculo de un mundo que se va. Que se fue. Lo mira sin nostalgias, para un ciego no cabe la nostalgia. Nos dice con su silencio elocuente y su apacible actitud que no podemos descansar en la tarea delirante de garabatear o taquigrafiar la tremenda revelación de las formas en la que el mundo se encuentra… Yes, we can



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Y todo esto porque un negro llegó a la Casa Blanca y lo celebran en Miraflores. Ay, compadre, lo que falta

16 comentarios:

oscar dijo...

don bujanda, me perdonará usted, pero ese miedo, lo que se dice miedo, yo no lo encuentro en ninguna parte.

a menos, claro, que uno forme parte de una secta racista, de esas con capuchones blancos y que juegan a quemar cruces; o a menos que resulte que alguna variante tercermundista del klan haya abierto sede en nuestro vecindario allá en chacao donde, por cierto, más que miedo lo que veo es el chino que jode.

debo confesar que todo este rollo de las presidenciales gringas me ha fastidiado un poco, pero no creo equivocarme si digo que lo que se observa más bien es un exceso de optimismo, un derroche de alegría como decir "todos somos kenianos" y listo, llegó obama y los oprimidos del mundo empezarán a sentir como caen las cadenas que les impuso el malvado hombre blanco...

más que miedo lo que hay es una obamamanía fabulosa o fantasiosa, según se vea.

por otra parte, suscribo la tesis de laura que dice que en miraflores no deben estar muy contentos con el arribo del "hombre negro" (chávez dixit)a la casa blanca. es tan fácil insultar a bush, achacarle todos los males a míster danger y se veía tan fácil clavarle la misma chapa al viejito mccain, otro malo malísimo tan papaya para caerle a palabrotas desde lejos.

y ni hablar de la perspectiva de la sarah palin en la vicepresidencia... las burradas que hubiera dicho, los insultos sabrosos que se le podían aplicar, mejor aún que los que recibió la negrita condolencia... pero, coño, nos cayó frutero con obama: ¿cómo convenzo al mundo de que ese negro es mi enemigo?

yo, que soy tu vecino en chacao y que pago el marrón a 6 de los fuertes en esos cafés de los palos grandes, no he visto el miedo ese que dices que repta por el municipio... más miedo dan los chinos.

Anónimo dijo...

Maravillosa reflexión Héctor!

Borracha de cansancio de una semana de esas para la posteridad tu blog me obligó a contestarte. He estado metida en la vorágine de "dar noticias" y la conmoción que provocó el triunfo anunciado del negro Obama, pero fue eclipsado por jefes de redacción histéricos que pedían más reacciones más color de la calle, mientras por primera vez en los casi tres años que llevo en este país me erizó hasta las lágrimas cuando una señora me abrazó como si fuera Año Nuevo y me espetó "God Bless America, God bless you, Yes, we can!" ese martes de noche ... Luego vino pocas horas después después un revés contra el matrimonio gay en California que no me ha dejado detenerme en mis emociones de la semana, pero me paré a leerte y diste en el nervio. ¡Qué arrecho el momento del mundo que nos tocó y que siga el vértigo y los miedosos al no sé qué, que agarren su valium.

Besos, Paula

Anónimo dijo...

Mi Héctor, ya me preguntaba yo en estos días con la Obamamanía- a la que me sumo y festejo- ¿que pensará Bujjanda de eso? ...y ZAZ me mandas esta deliciosa reflexión sobre lo la victoria de Obama;y que genera atención tus palabras.


A mi me sorprende la Obamamanía, como bien te dije, me sumo y festejo por que, a nivel de historia norteamericana, y no lo enumero porque es conocido para tí, lo que no había pensado es en el miedo, miedo a qué!......y ya viniste tu a joderme mi jueves en la noche, yo acá en mi estudio en pijama, con friito; escuchando a Maria Bethania mientras respondo unos correos....ZAZ vienes a meterme el dedo en la obama, perdón en la llaga.


Pero es que es que la lectura del miedo es así Bujanda, y la que se vive en Venezuela es muy particular. yo tengo solo una memoria del miedo en Caracas, la actual no la conozco, la intuyo, la imagino, me la cuentan. Pero no la tengo en la piel.


bien mi querido sobre este tema me gustará hablar contigo, sabes que a mí me gusta hablar contigo; y las veces que he estado en Caracas no ha sido posible!!!! para mi lamento.

Iván El Negro

Anónimo dijo...

Fíjate qué distinto he sentido yo lo de Obama. Claro, últimamente no he ido mucho a los cafés del barrio para escuchar las tertulias de la gente con miedo, pero la lectura que –a tan pocas horas, con tan poco conocimiento, con tan poca información- he podido hacer es que, en lugar de miedo, hay entusiasmo. Un “Yes we can” trasladado a estas tierras. Un “Sí podemos” (como con el MAS). Un “finalmente llegó uno que no le va a seguir la peleíta a Chávez”. Este fin de semana trataré de no caminar mucho por Chacao, porque el primero que me venga con lo del miedo, lo escupo.



Además, creo yo, a Chávez lo que menos le conviene es un Obama en la Casa Blanca , porque ahí sí que se acabó el monstruo, ahí sí que se acabó la insultadera, el imperio maluco y todas esas cosas. A Hugo lo que menos le conviene es perder a su mejor y más querido enemigo.

Laura H.

Boris dijo...

Héctor, hermano, me preocupan estos comentarios tan flojos. Proyectas unas fantasías pequeñoburguesas que te alejan de lo importante. Revelan una pretención arrogante y una ignorancia envalentonada. No escribas mierdas de esta clase, eres mucho mejor que esto.

Con un abrazo, pero sin otra forma de decírtelo.

Boris

Anónimo dijo...

Me ha sorprendido tu último comentario. Aunque tengo que decir que por fin has tocado tierra y te has puesto del lado del discurso polarizante, el que tanto miedo ha irradiado desde Miraflores: 10 años torturándonos con amenazas, con insultos, con una guerra discursiva que sigue en pie. Igualmente, no has desperdiciado la ocasión para etiquetar a la clase media, con sus lujos disecados por Cadivi y el temor a perder sus corotos. Bienvenido a la simplicidad, a la caricatura, ¿qué tan lejos te ubicas de la complejidad que tanto reivindincan los afectos al proceso bolivariano?
Bujanda, esta crónica del miedo, me recuerda al chiste, contado por un niño mexicano, del fantasma del dedo cortado. Tiene sin duda la fuerza para inquietar a quienes asisten, por primera vez, a la anunciada muerte del capitalismo. Pero el capitalismo ha sobrevivido a una gran cantidad de sepultureros, que a su vez han muerto sin remedio. Esta crisis será debidamente absorbida, procesada y asimilada, como una nueva transfusión de sangre. El capitalismo, para tu desconsuelo, saldrá más vigoroso que nunca y Wall Street se convertirá en algo que nos es difícil imaginar, pero que tendrá mucho de lo que deseamos.
Dale un respiro a la clase media, o a lo que queda de ella, viejo. ¿O este sector sigue siendo el enemigo principal de quienes atinan a ver un nuevo modelo político, social y económico, resumido en el Socialismo del Siglo XXI? Te paso un dato: en 10 años, las semillas de ese modelo, apenas contribuyen con menos del 1% a la formación del Prodcuto Interno Bruto. A mí este hecho, verificable en la data del Instituto Nacional de Estadística, sí me da miedo, me aterroriza, porque es apenas el residuo microscópico de un gobierno que se ha gastado la bicoca de 500.000 millones de dólares. Es para salir corriendo. Por cierto, al fantasma del dedo cortado el niño le responde, fastidiado: no chinqüe, póngase una curita.

Hugo Prieto

Francisco Suniaga dijo...

Bujanda, amigo mío, como sabes, soy habitue de Lonchy, uno de esos cafetines de los Palos Grandes a los que aludes en tu nota. Definitivamente, la reacción que he percibido (y compartido) con la gente de allí es opuesta al miedo; mi percepción es que hubo alegría y, en los más recatados, algo como el alivio. Sería interesante, entonces, realizar una comprobación empírica en otros para verificar si tus afirmaciones en tal sentido se sustentan. Creo que no.
Soy de uno de tus amigos amigos que celebra tu inteligencia y sólida preparación, y, cuándo argumentas de la manera en que lo haces en esta nota, no dejo de preguntarme cuál es el mensaje, cuál es su razón de ser. Me pregunto si todo su andamiaje lógico-argumental está construido con el propósito de justificar a Chávez o si le apuntas a otra cosa y yo me la pierdo. Si fuese lo segundo, no hay nada que comentar, de repente no fui capaz de descifrar el código de tu escrito. Y tal vez no lo haya hecho porque lo otro, lo primero, se me presenta muy de bulto y me lo impide. Así es, percibo con mucha fuerza que efectivamente el asunto como que va encaminado a darle alguna justificación a algo a lo que cada vez menos gente se la encuentra (cabe también la posibilidad de que yo pueda ser un caso perdido de antichavismo enfermizo, una suerte de pitiyanki en estado terminal, a quien ya le está negada para siempre la posibilidad de ver la luz).
El caso es que si efectivamente tengo algo de razón y se trata de eso, se me genera otra curiosidad: ¿cuán sofisticados deben llegar a ser tus argumentos en el futuro, cuando la personalidad escindida de Chavez se unifique, cuando el militar militarista le de una patada por el trasero al izquierdista que nunca existió? Toda una prueba para tu prestidigitación argumental!
Por lo demás, te felicito por abrir este espacio que permite airear los pensamientos. Un abrazo.

¿Qué es esto? dijo...

Querido Buji, coincido con el joven Prieto, aunque, a diferencia de Boris, no me preocupan tus comentarios.
Pero mira chico, veo en ese balance entres ustedes una gran oportunidad para editar una revista: puro debate, puro seso. Hasta conozco a un tal Zuniaga que podría estar interesado. ¿Se les había ocurrido ya?
Abrazos y cariños a los tres.

Héctor Bujanda dijo...

Lamento haber suscitado tantos sentimientos, compañeros, incluso lamento no haber escrito para mis amigos más exigentes. Pero si a ninguno de ustedes les pasó el miedo por un lado en estas últimas semanas, o sencillamente nunca les palpitó el corazoncito por ese no sé qué que está en el ambiente de las incertidumbres globales (y que el negro Obama encarnó unos días antes de la elección), entonces están bien curados de cualquier sospecha.

Me parece incluso un poco excesivo tomarse estas líneas en serio, y más aún despacharlas tan rápido y tan groseramente, en algunos casos.

Han debido tomarlas entonces simplemente como lo que son: una exageración, una tremendura para mover las aguas, para socavar algunos sentimientos encubiertos y algunas fantasías solapadas. Pero, bueno, nunca termina uno de saber exactamente por dónde se desencadenan las cosas, por dónde se alebrestan los ánimos, y por qué la gente ve cosas donde no las hay, o se altera más de la cuenta con otras que nadie advierte. Insondables las pasiones de la política, definitivamente.

Aunque amigos del barrio como Oscar y Suniaga quieren hacer un honor con aquello de quién toma más cafés, y más caro además, en tal o cual lugar, déjenme decirles que el testimonio es verídico. A estas alturas me han acusado de muchas cosas por ahí, pero de mentiroso. Bueno...

En las semanas previas a la elección me tropecé con todas las gradientes del fenómeno: desde opiniones espontáneas, como las de mi barbero y la de la clientela grande que se aglutina allí los sábados, que decía que Obama era un negro idéntico a Chávez (¡un comunista!), hasta los más sofisticados razonamientos lógicos-argumentales de esos que aprecia tanto mi amigo Suniaga porque sirven para justificar cualquier cosa, incluso los golpes, las invasiones y las distintas modalidades geopolíticas del Imperio.

Los sofisticados le endilgan a Obama la posibilidad temible de terminar de globalizar el populismo, que es lo mismo que legitimar 10 años de chavismo (ojo: no es poca cosa, después de tantas arrecheras). Hay que ver la gente que tragó grueso cuando Obama sostuvo una y otra vez, a lo largo de la maratónica campaña, que no dejaría de reunirse y de conversar con sus enemigos, que la diplomacia no era sólo para solazarse con los panas, y que se sentaría con Chávez, con Fidel, con Mahmoud, con quien fuera para establecer nuevas relaciones. Y así debe ser en un mundo en el que Estados Unidos ya no puede controlarlo ni militar ni económicamente, tanto como quisiera.

Desde esta perspectiva entre espontánea y sofisticada, Obama fue lo inevitable, lo que recibió el consenso final de medios y de opiniones calificadas, una especie de victoria moral, de decencia ante tanto dogmatismo o talibanismo suelto por ahí. En ese sentido Oscar tiene razón, Bush fue el mejor aliado de Chávez en estos años. Lo globalizó, lo hizo una referencia importante dentro del sentimiento antiamericano, lo convirtió en síntoma del tema global del poder y de las decisiones que se dan alrededor de él. La victoria de McCain hubiera elevado exponencialmente ese antiamericanismo a nivel mundial.

Pero ganó el negro que habla bien, que viene de la política, que se supone puede domar, con sus modales de Tiger Woods, a esos monstruos planetarios que han crecido por allí. Puede ser. A lo mejor, quién sabe. El mundo no responde a razonamientos direccionales precisos, se parece más a un juego de pingball.

El deseo por los cambios, por las radicales novedades a las que nos está sometiendo el mundo hoy, no significa hacerse vanas ilusiones. Ni está clara la esperada “armonización” de las relaciones EEUU-Chávez (no lo está porque la polarización empieza a ser planetaria, es inherente al conflicto del reparto del poder global en el que vivimos), ni tampoco está clara una política agresiva del garrote, tal como lo venía haciendo Bush. Quizá la era Obama nos recuerde un poco a la de Clinton: suave de palabra, sangrienta en los hechos.

Lo del capitalismo invencible e inevitable del que habla Hugo, para mí eso es un tema absolutamente teológico. Es como decir quién ha vencido a Dios y esas cosas en las que llevamos miles de años peleando, debatiendo, y seguimos viendo religiones crecer y dioses prosperar. Así cualquiera hace un análisis: lo único seguro, esencial e inconmovible en este mundo es la presencia de Dios. Mejor dejamos la teología para otro momento

Carlos Pernalete dijo...

El miedo es un asunto complejo. De eso no hay la menor duda. Fíjate que yo le tengo miedo a los payasos y no entiendo porque. El asunto con tu artículo es que ciertamente, en tu intención provocadora, confundes al lector. No entiendo muy bien para donde vas, y por lo que leo en otros comentarios, el resto tampoco lo tiene muy claro. Tal vez sea la maldita polarización que vivimos, si las cosas no están en blanco o negro, inmediatamente pasas al bando contrario. Jejeje, cosas complejas estas que estamos viviendo.
Yo tampoco entiendo el miedo al que haces referencia. Obama, para decirlo simplemente, es un cambio significativo. Primero no es Bush, segundo es negro (con todas las implicaciones que esto tiene en los Estados Unidos y en el resto del mundo), y tercero, es una especie de “rectificación” en la política y en la dignidad de los norteamericanos hacia el exterior.

Esto es puro maquillaje, es un consuelo en el fondo, porque Obama es parte de la misma maquinaria como bien expresas en alguna parte. Hay que darle tiempo al tiempo, y ya veremos al negro arrecho con Chavez. Pero más a allá del temor que pueda sentir cualquier vieja clasista ignorante de la realidad política del mundo, o de cualquier pavito que no conoce a otro gobierno que no sea el de Chavez, no creo que la gente siéntese miedo ante el triunfo de Obama. Todos sabemos que la alegría de Miraflores no deja de ser una esperanza vacía, porque Chávez juega a la confrontación. Ambos mandatarios juegan con modelos incompatibles.

Yo la verdad, percibí en todo momento que la gente a mi alrededor deseaba profundamente el triunfo de Obama, pues es simplemente el deseo de salir de una vez por todas de una de las administraciones mas nefastas en la historia de los Estados Unidos. Pero creo que en el fondo es un deseo similar al de celebrar el año nuevo, puras esperanzas y fe. Nuevamente te reitero que posiblemente tu interés en ser provocador, no deja muy claro el mensaje que quieres dar. Ese es el problema de los blogs, que a veces por su inmediatez o la ligereza con que escribimos, no nos deja masticar bien estos temas tan complicados. Saludos mi pana.

Anónimo dijo...

Muy bueno Buji! De hecho ayer me preguntaba un amigo mío gringo que si ahora en Venezuela les teníamos un tanto más de respeto a los gringos por el triunfo de Obama...

Lamentablemente tuve que decirle que el venezolano está tan mal informado en estos momentos que las cosas son blancas o negras que a Obama lo ven como lo ve Chávez (se le ve contentito con Obama)... Vaya sorpresa que se pueden llevar todos!

Le conté la desinformación total que ví hace 4 años en la embajada de USA cuando mi papá y yo votamos por Kerry (siempre fieles a nuestras creencias demócratas) y con asombro no sólo vimos el mapa de USA en rojo a medida que Bush iba tomando de nuevo los votos a su favor sino a todos nuestros opositores "políticos", que se supone están informados, con chapitas de republicanos.... Me dá asco el solo recordarlo....

Así que tu escrito me gusta, aunque yo, oposición y "bien sifrina" del este de Caracas, voté por Obama. Sólo te pido que no generalices tanto en tus primeros párrafos porque estás dando a entender que toda la oposición (TODA sifrina además) le tiene miedo a Obama... No somos todos! Y creo que la sorpresa más grande se la va a llevar Chávez cuando logre entablar relaciones con Obama... ni ese, ni Biden comen cuentos!

Besos!

Consuelo Trum

Anónimo dijo...

Héctor saludos fraternos...resulta que amanecí reflexionando sobre cómo un hombre con nombre musulman pudo llegar a la Casa Blanca, definitivamente esta "Presidencia" lejos de aclarar el panorama lo podría complicar aún más.
Tu artículo "afianza el mal presentimiento"... ojo para los que obnubilados,-por lo que sin duda es un hecho histórico- no logren olfatear la composición del caldo.

Manuel Antonio Grüber

Anónimo dijo...

OYE jeitor eso fue!
la noche y la madrugada del 4 pal 5 había un silencio en la URBANIZACIÓN, y sus alrededores, que estremecía. Precibia algo extraño, pero no daba con qué. Pero ahora ya se qué era: UN MIEDO AÚN NO SÉ QUÉ... gracias hermano, me encanta tú blog.
abrazos.

Wilfredo Pérez Bianco

Reinaldo Iturriza López dijo...

Muy bueno tu escrito Héctor. Se te agradece el aire fresco. He disfrutado mucho los comentarios también.
Pienso que ese miedo al que aludes forma parte de un malestar más difuso, que está asociado a la insoportable circunstancia de tener que lidiar cotidianamente con el chavismo. La mayoría de los comentarios lo confirman. Ganara Obama o McCain, Chávez siempre sería el gran perdedor. Por una razón u otra. Las argumentaciones son casi accesorias.
Más allá de estas miradas cortas, lo que me parece más interesante es la forma como la victoria de Obama ha sido recibida en Estados Unidos. No me refiero a la obamanía, sino a los sentimientos que ha despertado adentro, en el pueblo estadounidense, en los negros, en los latinos, en los jóvenes. Eso que sintió la señora que abrazó a Paula. Habría que comenzar por tratar de entender lo que está ocurriendo allí, cuáles son las esperanzas de la gente, sus aspiraciones, sus frustraciones.
Tal vez si el antichavismo hubiera tenido la valentía de hacer lo mismo en Venezuela, no la estaría pasando tan mal ahora mismo. Ese malestar que a fin de cuentas nos afecta a todos, ese rumor de que padecemos un proto-totalitarismo asfixiante, tal vez hoy sería otra cosa.
Pero lamentablemente las cartas están echadas: ya sabemos que la culpa la tiene Chávez y qué alegría que viene el negro Obama a ponerle un parao.
No, we can´t... ir un poco más allá.
Qué le vamos a hacer.

ficorosado dijo...

Mi querido Héctor.
Saludos desde Arequipa.
Sonrío al recordar cómo probaste el sabor de las aguas del mar de Dinamarca.
Y bueno, guardo recuerdos intensos de aquella Suecia de casi finales del 2007.

Sobre tus escritos.
Noto con sumo gusto cómo tu estilo es firme, sólido y atractivo.
El juego de ideas es coherente, sencillo y practica el arte especulativo, este último tan legítico y rico en los escritores.

Qué bueno Héctor.
Me alegro saber de su placer por la escritura.

Saludos desde Arequipa.

FICO.

gabriel dijo...

Querido compadre voy a rematar su relato del nuevo miedo contándole lo que me paso el otro día. Caminaba por un shoping de la peatonal Florida cuando alguien me tomo por asalto y me exclamo: "Ahora sí Negro, no te agrandes que llego su tiempo, ganó Obama!!. El amigo a mi lado se sobresaltó y después me comentó que la frase lo dejó pensando y sentía que agazapada latía la sombra del discriminador. En todo caso prefiero pensar que ahora los negritos estamos de moda. Cuidado huinkas! Gabo de Baires

 
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